LOS SOCIOS APROPIADOS

Una de las características principales de la Empresa Familiar, es la vocación de perdurar en el tiempo, una voluntad de continuidad con la transmisión a las futuras generaciones. Y para lograrlo es fundamental el papel que representan los socios familiares.

Pero si hay algo que no elegimos en nuestra vida es a nuestros familiares. Y en las empresas familiares se da la circunstancia de que, además de familiares, son nuestros socios. 

Con frecuencia los socios familiares comparten unos valores y un sentido de propósito, que, unido a la diversidad bien gestionada hace de las empresas familiares equipos ganadores, muy por encima de otros que no comparten esos vínculos intangibles. Pero, cuando surgen problemas de entendimiento entre familiares-socios, las consecuencias pueden ser fatales.

Una empresa necesita los socios adecuados. Definamos las características del socio ideal.

  • Conocimiento: entienden el negocio, cada uno a su nivel. Se mantienen informados y procuran su formación para poder aportar valor desde el rol que tienen actualmente y se preparan para asumir nuevas responsabilidades si llega el momento. Esto se vuelve crítico cuando hay que tomar decisiones de trascendencia.
  • Vinculación: aman y respetan lo que tienen. Legado, propósito, etc.
  • Compromiso: dispuestos a invertir sus recursos, tiempo y capacidades
  • Aceptan las reglas del juego, en particular las diferencias entre propiedad gobierno y gestión. 

La realidad suele ser que no siempre y no todos los socios familiares tienen esas características. En la mayoría de los casos es suficiente con que haya un grupo de socios adecuado con la necesaria influencia sobre el resto (un nucleopolio) y que es tolerable para la empresa tener otros socios más pasivos, que no aportan demasiado pero que dejan hacer. El problema se presenta cuando algún socio se vuelve tóxico: deja de aceptar su rol y se dedica a poner trabas a lo que se hace, con frecuencia en una estrategia de desgaste que acaba minando al líder y reduciendo la iniciativa. 

Debemos aclarar que no es lo mismo un socio tóxico que un socio exigente. El socio exigente añade valor: exigiendo transparencia en la información, evitando que el equipo directivo se acomode e impidiendo que los intereses particulares de quien dirige el proyecto prevalezcan sobre el interés social. El socio tóxico lo destruye, defendiendo su interés particular frente al interés social y obligando a la empresa a dedicar energía y recursos a defenderse de sus ataques. 

Hay muchas razones por las que un socio puede volverse tóxico:

  • No reciben el justo rendimiento por su participación en la empresa familiar.
  • Se sienten injustamente tratados, no tenidos en cuenta. Reciben poca información, a veces sesgada o en formato incomprensible para ellos, y no tienen ninguna forma de participar en la toma de decisiones.
  • Están encerrados en la empresa familiar y no pueden disponer de recursos para desarrollar otros intereses y proyectos personales. 
  • Afloran celos, rencillas, tensiones familiares mucho tiempo larvadas, que en ocasiones tienen su origen en la infancia o en asuntos que nada tienen que ver con el negocio familiar.

Aunque no elijamos a nuestros familiares, afortunadamente, existen muchos instrumentos que pueden ayudar a la empresa familiar a desarrollar y mantener un accionariado sano, asegurando la distribución adecuada de información, desarrollando las capacidades de los socios y construyendo los mecanismos de gobierno que aseguren el alineamiento del proyecto empresarial con sus expectativas. Estos instrumentos deben estar previstos en el Protocolo Familiar. Para ello la aportación de un consultor con un perfil más de “psicólogo” que de carácter “legalista” que con su acompañamiento ayude en las medidas a tomar como medicina preventiva no es una garantía absoluta de éxito, pero si se hacen bien los deberes se tendrá mucho ganado y habrá más posibilidades de conseguir la supervivencia de la Empresa y evitar una crisis.

Pero, a pesar de dedicar recursos a desarrollar buenos socios, es posible que no tengamos éxito en todos los casos, por lo que resulta crítico evitar que la empresa familiar se convierta en una jaula de oro, por falta de mecanismos de escape. En un próximo post describiremos los mecanismos para facilitar la salida de socios que no estén alineados con el proyecto: las podas familiares.

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